Mejor hablar de ciertas cosas - Amparo Aguilar
  • Amparo Aguilar
  • 04 Ago 2021

Mejor hablar de ciertas cosas

Amparo Aguilar desentraña el proceso creativo de su documental “Malamadre”, una película sobre el “lado B” de la maternidad que se abre camino en territorio tabú a fuerza de honestidad en sus preguntas y rigurosidad en sus formas.

Quienes hicimos «Malamadre» creemos que esta es una película necesaria. Siempre que trato de pensar en respuestas posibles a la pregunta “¿por qué?”, canto en mi cabeza esta canción: “Un tornado arrasó a mi ciudad, y a mí jardín, primitivo.” El tema concluye: “Mejor no hablar de ciertas cosas”. La maternidad, para mí, fue ese tornado. Arrasadora, develadora de muchas cosas, un quilombo gigante de amor y contradicciones. «Malamadre» es la expresión fílmica de que para nosotrxs es mejor hablar de ciertas cosas. De esas cosas acerca de las que no se nos “permite” hablar a quienes maternamos.

«Malamadre» (2020)

La experiencia de maternar me hizo encontrarme con mujeres madres a las que les pasaban cosas parecidas, pero todas teníamos clavado en el medio del cuore el imperativo de callar. Ya era tiempo de que pudiéramos tomar la palabra en público para romper ese silencio. Y la clave, para eso, es poder hablar de aquello de lo que no se habla. Incluso dentro de los feminismos.

A partir de la decisión de tomar el “espacio público” con el lado B de la maternidad, se hizo evidente que la forma era a través de una película, porque ese es el lenguaje con el que yo me conecto: el cinematográfico. Así fue que nos lanzamos junto a Carolina Álvarez, productora, y Agostina Bryk co-guionista, a buscar mujeres madres dispuestas a sacarse de encima la pesada carga de ocultar, y encontramos a muchísimas!!! La búsqueda, entonces, debía centrarse en atravesar clases sociales, edades de las mujeres, edades de les hijes y contextos de crianza diversos.

Detrás de escenas de «Malamadre» (2020)

Descubrimos varias cosas. Por un lado: que ni los mandatos, ni los deseos son iguales para todas. Y esto es algo que las transfeministas tenemos que poder incorporar: nuestra lucha es emancipatoria y -creo yo- libertaria; no de establecimiento de nuevos cánones según nuestra mirada de clase.
Por otro lado, hay cuestiones concretas que se evidencian en la película, como la falta de políticas públicas (y de los espacios colectivos) para pensar la crianza de les hijes como un fenómeno que nos implica a todes.

«Malamadre» (2020)

En términos de puesta, el concurso de desarrollo “Gleyzer, cine de la base” fue de gran ayuda para permitirnos pensar qué abordaje estético le pertenecía a la película, desprejuiciadxs de lo que el documental contemporáneo debe ser. En ese sentido, la primera decisión fue grabar en estudio: necesitábamos poder hablar fuera de su cotidianeidad. La siguiente, el formato “igualitario” todas serían tratadas con el mismo valor de plano, evitando en la medida de lo posible cualquier ornamentación que nos hiciera imaginar quiénes eran, y en un blanco y negro profundísimo, rugoso, que evidenciara las (bellísimas) marcas de la vida en nuestras caras. Queríamos evitar todo lo que pudiéramos los juicios previos, o incluso la empatía previa. Queríamos fomentar la escucha y mirada atenta. Algo que en el ritmo visual actual pasa poco.

«Malamadre» (2020)

Queríamos, también, reivindicar la belleza de la diferencia, la belleza de las marcas, la belleza de los gestos. Pero otra, no la que habitualmente vemos en los discursos audiovisuales, publicitarios y “del sistema”.

Por último nos volcamos hacia una puesta sumamente ascética. Las identidades no masculinas, y en particular las madres, hemos sido “habladas” por otrxs, siempre. Esta película nos demandaba un esfuerzo extra: quitar el artilugio del medio para ofrecer una versión “en primera persona” de las mujeres que son madres. La sensibilidad de Iván Gierasinchuk para subirse a esta propuesta que a priori “no luce”, se agradece enormemente.

Detrás de escenas de «Malamadre» (2020)

Más adelante en el proceso surgió una gran duda: no hacía falta la mirada de les hijes? La respuesta rotunda era que sí, que no hay maternaje sin hije. Pero qué miedo entrevistar a les míes!!! Nuevamente: el equipo. El trabajo con Lautaro, Agostina, Carolina, Ceci y Coni y tantxs, hizo que les chiques se sintieran protegides y contenides para tirarse a la pileta y charlar.

Y nos tiramos el piletazo de producir el teatro de sombras y las animaciones que construyen el relato off, una zona lúdica de la película. Tan contradictoria como la maternidad. Es por momentos tremendo lo que se ve y oye, pero también es divertido y juguetón.

«Malamadre» (2020)

El resultado a mi me conmueve, espero que algo parecido les suceda a les espectadores. A la vez, y quizás lo más interesante, creo que “Malamadre” es una oda a las contradicciones. Porque lxs humanxs somos así: contradictorixs. Y ahí está nuestra magia. Entonces encuentro algo muy rico en dar con mujeres que son madres y que están dispuestas a abrir esas contradicciones para que «el público» las vea, y que eso lejos de volverlas monstruosas, las vuelve bellas.

«Malamadre» (2020)

Y acá surge un “personaje” importante: el público. «Malamadre» habla de mujeres madres, pero no está solo dirigida a mujeres madres. Deseamos realmente que esta película ayude a encontrarnos con otres para pensar en las condiciones en que se cría a les niñes. Para eso pensamos una estrategia de lanzamiento que -si bien hablamos de una película chiquitiiiiita- convoque a todes a verla y pensar, con mucho acompañamiento de mujeres y espacios que están trabajando estos temas, entre quienes ya aprendimos que hay un aporte más del feminismo que nos cambia la vida: el tejido de redes.

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