La persecución de una realidad colectiva y heterogénea
  • 01 Jul 2021

La infatigable persecución de una realidad colectiva y heterogénea

Un recorrido por los caminos de José Celestino Campusano, su origen y su horizonte cinematográfico, las ideas vectores que atraviesan todas sus películas y que ha sostenido sin concesiones a lo largo de los años.

Tengo fascinación por el cine desde los 2 ó 3 años, cuando pude empezar a verlo. No puedo explicar el motivo pero comencé a experimentar desde ese momento una devoción constante. Más aún, cuando era muy pequeño armaba relatos con figuras, después las combinaba y generaba nuevos relatos, en aquel tiempo a mi hermano menor le inventaba un cuento distinto todas las noches. Es una obsesión que me acompaña desde siempre. He practicado otras variantes artísticas como la fotografía, el dibujo y la pintura, pero ninguna me cautivo al nivel del cine. Hay una cuestión de introspección a la que te puede acompañar este arte, la cual a mi criterio articula con el inconsciente colectivo. No es lo mismo que se hagan ciertas películas específicas, como sucedió en nuestro país, o que esos films no hubieran existido nunca. No es lo mismo que podamos abordar ciertos temas, o que no tengamos el coraje de hacerlo. El cine tiene una incidencia directa en las construcciones sociales. Una fuerza innegable.

Detrás de escenas de «El perro Molina» (2014)

La televisación de la guerra de Vietnam a mi juicio marca un antes y un después en la historia de la humanidad y en referencia a los medios de comunicación. Como el audiovisual se puso del lado del vietnamita y en los noticieros del mediodía se veía a norteamericanos quemando con napalm y lanzallamas al pueblo, la presión social contra la guerra se hizo tan contundente que los políticos no pudieron hacerse los negacionistas, fue una derrota absoluta. Y así entendieron el peso de lo audiovisual. ¿Qué hizo ese poder? Captó los grandes festivales: Venecia, Cannes, Berlín, desde la programación y la premiación: las distribuidoras y la política gringa interfieren obviamente en esos espacios. Las transmisiones sobre las guerras del imperio nunca más volverán a incluir muertos. Esos festivales se traicionaron a sí mismos, ya no son lugares de descubrimiento ni de debate. Nunca fue tan ecléctico el mundo del audiovisual y nunca estuvo tan acotada su supuesta legitimación a estos espacios decadentes, que no descubren nada porque no quieren descubrir sino igualar por inmersión. Nadie sabe por dónde pasa la innovación audiovisual en el futuro inmediato, pero por esos sitios es seguro que no.

Detrás de escenas. José Celestino Campusano

Con mis películas nos hemos dedicado a explorar contingentes reales asumiendo toda la cuestión irreverente que eso conlleva: no nos aferramos al método ni a la complacencia, sino a las diferentes instancias de verdad que allí habitan. Y eso hace que te olvides de tus expectativas y que te centres en lo que sea necesario para ser coherente con esta apuesta. Uno de los casos más explícitos es “Hombres de piel dura”: no la hicimos para quedar bien con ningún sector, sino para dejar un testimonio.

A través de una herramienta tan compleja y tan vilipendiada como es la composición toma a toma, creo que cumplo la función de servidor público. En realidad, me considero netamente un servidor público. Establezco un registro, lo más pormenorizado y minucioso posible, de los procesos que atraviesan los diferentes colectivos invisibilizados que componen no solo nuestro país sino nuestro planeta.

Detrás de escenas de «El perro Molina» (2014)

Básicamente le hacemos culto a lo colectivo, no le hacemos culto a la persona. Nuestro cometido es hacer visible aquello que probablemente no esté en ninguna otra película. El tango trash, motociclistas, internas entre músicos del conurbano, problemáticas de índole social yendo por el lado de lo que hacen mal o peor las instituciones, más aún las armadas, las internas de los pueblos originarios, todo eso es material para nuestras películas. Los lineamientos son esos. Las personas que ocupan los roles en la ficción pueden tener o no basamento actoral, pero lo que procuramos es que no sean del medio o que no tengan un reconocimiento mediático, porque no es importante para nosotros hacer culto a las personas como dije, ni tampoco para que alguien legitime la obra, sino para que todo un colectivo lo haga.

Detrás de escenas

Apostamos a la heterogeneidad, a que la gente se muestre como en su cotidianeidad, como ha elegido ser. El método convencional tiende a homogeneizar las actuaciones y eso es por lo menos complicado. En la vida somos muy dispares. La actuación, vista desde el lado del método, busca no desentonar. Se plantea un teatro de operaciones mentiroso para transmitir supuestas verdades. Tenés que mentir para que te crean y la verdad por sí misma pasa a ser una mentira. Cuando construís con la verdad y con el aporte colectivo ponés en crisis al espectador medio, porque es un código de representación no habitual, y la legitimidad estriba en que nosotros, que provenimos y disfrutamos de esos estratos sociales, no ponemos en tela de juicio la autenticidad de estas exposiciones. Aquellos que sí lo hacen, son personas que no conocen este estrato y se da una paradoja bastante llamativa: es gente que no conoce y que de alguna forma cree que se trata de una puesta escénica artificial, y quiere que nosotros apuntemos a todo un artificio que entra dentro de una lógica de verosimilitud que es totalmente apócrifa, falsa. Entonces ahí se forma un contrasentido bastante interesante. Como persona a la que le han mentido toda su vida, frente a la verdad que uno expone, primero cree que debe desvirtuarla y hacerla pasar como mentira a fin de creerla, según la paradoja de cierto canon cinematográfico.

El tema está en que los métodos actorales que tienden a hermanar las formas, a suavizarlas o hacerlas más reconocibles o funcionar dentro de un estándar, de alguna forma repelen todo aquello que no esté bajo su control. Yo creo que el arte no tiene que estar desde ningún punto de vista bajo control de nadie. Básicamente es una composición colectiva y uno se encuentra con este tipo de recursos expresivos.

Detrás de escenas de «El perro Molina» (2014)

Creo que hay un factor que está generando cierto perjuicio, y por algo sucede, y es el uso desenfadado del algoritmo. En la música, en la literatura, en las noticias periodísticas, más aún en ciertos programas televisivos. Hay una cuestión algorítmica que agobia y adormece. Mucho más en el cine promovido generalmente por las plataformas de consumo masivo. Ahora, si la población no fuera receptiva de esa propuesta, su instalación no sería posible. La crisis de continuidad laboral en este medio genera a su vez una gran crisis de creatividad, cuando en el mundo todos sabemos que en los 70 hasta el pop era creativo. Cada película era un nuevo barajar y tirar. Eso rara vez se visibiliza en la actualidad.

Pero no debemos olvidar que, como dijera Ripstein, “el cine esconde posibilidades que ni siquiera avizoramos”. El cine jamás se agota porque el Universo en sí, tampoco se agota.

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