Cinco motivaciones en una película - Gustavo Galvão
  • Gustavo Galvão
  • 28 Oct 2021

Cinco motivaciones en una película

El director, productor, guionista y coautor de la banda sonora de “Ainda Temos a Imensidão da Noite”, Gustavo Galvão, traza los ejes fundamentales de la película y se pregunta por el destino del arte en su ciudad natal, la icónica Brasilia.

1. BRASILIA
Nací, crecí y he desarrollado la mayor parte de mi carrera en Brasilia. Parece una forma banal de presentarme, ya lo sé, pero Brasilia está lejos de ser una ciudad banal. La capital de Brasil ni siquiera es una ciudad. En la práctica, es una de las 33 regiones administrativas que conforman el Distrito Federal, poseedor del más grande producto interno bruto del país y también de índices vergonzosos de desigualdad – el retrato perfecto de una nación contradictoria hasta la médula. En la mente de los brasileños, es la cloaca de la política. Y antes de todo eso, en sus orígenes, lo que existía era un ambicioso proyecto de futuro. Es un lugar conflictivo, por decir lo menos.

«Ainda Temos a Imensidão da Noite» (2019)

Al hablar de Brasilia, es necesario hacer una distinción entre el Plano Piloto (el proyecto original de la «ciudad» planificada, sede del poder y hogar de la clase media-alta) y las otras 32 regiones (los excluidos del proyecto se han asentado en muchas de ellas, en sitios periféricos como Gama, Ceilândia y Samambaia). La palabra Brasilia engloba todo. “Ainda Temos a Imensidão da Noite” sigue a una trompetista que transita entre el centro y la periferia, separados por 40km: vive en Gama y su rutina se desarrolla en el Plano (el trabajo, los amigos y los ensayos/conciertos con una banda de rock). Pero Gama no cuenta con el metro, lo que lleva a Karen a pasar hasta tres horas al día en autobuses. La exclusión es el pecado original en la creación de la nueva capital.

A los defensores les gusta ensalzar virtudes en el proyecto, como las abundantes áreas verdes y el plan urbanístico que valora la contemplación (proviene de ahí la expresión “el cielo es el mar de Brasilia”). Son tópicos que refuerzan su elitismo, ya que solo se aplican al Plano Piloto. En el choque entre la ciudad idealizada y la real, se perdió algo precioso: la vocación por la innovación. La primera expresión artística de Brasilia fue su propio diseño urbano, esbozado por algunos de los brasileños más brillantes del siglo: Lucio Costa, Oscar Niemeyer, Burle Marx. La Brasilia en la cual los militares se atrincheraron en la dictadura (1964-1985) y la de los parásitos alrededor de la maquinaria gubernamental, sin embargo, han borrado todo rastro de vanguardismo. Hay que «construir» una nueva Brasilia.

Lo que presento en “Ainda Temos a Imensidão da Noite” trae mucho de mi experiencia personal, sin importar cuán diferente sea de Karen. Como ella, fui rehén del transporte público deficiente y sufrí con las brutales distancias a recorrer. Aún así, esta “ciudad/pista de carreras” me enseñó a percibir el espacio de manera lúdica y crítica a la vez. Esto dio forma a la película de tal manera que la veo como un personaje, en especial cuando empuja a Karen a renunciar a su vena artística y buscar la vida cómoda de una funcionaria pública – el 15% de la población está compuesta por funcionarios federales. Karen se opone a esto y cumple unantiguo deseo mío: reconectar Brasilia con su inclinación hacia la vanguardia y reconstruirla a través del arte. Para eso, necesitaba una ciudad que sirviera de espejo para esta joven capital de 61 años.

Detrás de escenas «Ainda Temos a Imensidão da Noite» (2019)

2. EL ESPEJO DE BRASILIA
Desde el inicio, supe que el guion necesitaría una referencia para establecer parámetros visibles en el estudio que quería hacer sobre Brasilia (la que queremos y la que tenemos). Este punto de referencia solo podría ser Berlín. Las dos capitales pasaron por procesos muy similares, aunque poco comentados: Brasiliase construyó desde cero al mismo tiempo que Berlín fue reconstruida de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, en los años 1950 y 1960. Ambos procesos fueron guiados por el mismo ideal, el Modernismo.

Las similitudes no acaban ahí. Ambas ciudades fueron gravemente dañadas por la Historia (ellos por la guerra y el muro; y nosotros, por una dictadura de 21 años, que encontró en Brasilia una especie de fortaleza). Lo curioso es que las dos metrópolis también coincidieron en la redención después de los años oscuros: en los ochenta, Berlín y Brasilia cobraron personalidad propia con la explosión de la cultura joven. Y acá terminan las coincidencias. Si Berlín es ahora un referente mundial en las artes, su hermana brasileña ya no ejerce influencia cultural. El largometraje no pretende enumerar las desviaciones en su historia, su enfoque es mostrar que Brasilia puede ser más que un cementerio de ideas.

«Ainda Temos a Imensidão da Noite» (2019)

En resumen, Berlín se enorgullece de su papel en las vanguardias; y Brasilia, en cambio, parece negarlo y ha aceptado el papel de sede del poder. El espíritu de funcionarios públicos impregna (casi) todo. La pregunta que me hacía e inspiró el proyecto, en 2011, es «¿por qué Brasilia tomó este desvío y abandonó su vocación por el arte?» La respuesta vino en una secuencia de eventos, entre 2013 y 2018. Mientras la desarrollaba, rodaba y finalizaba la película, Brasil entró en una espiral de espantosos trastornos políticos, lo que me llevó a reorientar la pregunta. Lo que me intriga hoy es: «¿Por qué Brasil tomó este absurdo desvío hacia el caos?» Así que Brasilia no es más que un reflejo del país en que vivimos. Los artistas son perseguidos y los locales nocturnos sufren con una obtusa “ley del silencio”. Es un reto al que se enfrentan Karen y su banda Animal Interior: apenas hay lugares para tocar allí. Berlín, a su vez, evidencia un país que comprende el potencial del arte que produce.

Optamos por localizaciones que establecieran un diálogo al respecto. Es un diálogo visual entre dos ciudades hermanas. Pero lo que prima en el guion es el factor humano. En la lucha contra la resignación y la autocomplacencia que se apoderaron de Brasilia, la luchadora protagonista que interpreta Ayla Gresta fue inspirada por la determinación con la que los berlineses defienden el carácter del lugar en el que viven, que también tiene problemas – como la gentrificación, cuya raíz está en la reunificación de las dos Alemanias. Curiosamente, Karen necesita cruzar el océano para darse cuenta de que Brasilia carece de semejante determinación. Ser consciente de esto es el primer paso para marcar la diferencia.

«Ainda Temos a Imensidão da Noite» (2019)

3. LUCHAR, A PESAR DE TODO
Soy “adicto” a crear personajes solitarios (incluso con todo el ruido y el caos que los rodea). De hecho, mi adicción es caer en la tentación de desarrollar este tipo de personaje con cada nueva película. Honestamente, pensé que rompería mi adicción con la efusiva Karen. Ella no solo tiene amigos, ¡ellos le son fieles a ella! Sin embargo, su soledad es específica, quizás la más dolorosa de todas: la soledad de quien lucha solo.

Comparada con los protagonistas de otras películas que he escrito y dirigido, Karen es diferente. Tiene raíces familiares concretas y relaciones establecidas. Su soledad no parece ser tan radical como en «Uma Dose Violenta de Qualquer Coisa», otra película que me complace presentar acá en KINOA.TV. No la lleva a romper todos los lazos posibles con el pasado. No la aísla. Ni siquiera está verbalizada. Es una soledad silenciosa, muy contemporánea, porque genera empatía en los amigos, pero no genera un compromiso concreto. Lo virtual no es suficiente para Karen.

El traslado del personaje a Berlín resalta su aislamiento porque se traduce en imágenes (Karen deambulando por la ciudad extraña, tocando la trompeta en un parque, sin perspectivas en las calles frías y en casa). Su trayectoria está marcada por la ausencia de diálogo con personas que comprendan la lucha del personaje – por una ciudad más abierta a la creación, por más espacio para la actividad artística, por una sociedad más tolerante. Por eso me fascina este personaje: Karen me anima a seguir activo en el cine, en este país, a pesar de todo.

«Ainda Temos a Imensidão da Noite» (2019)

4. LA CAPITAL DEL ROCK BRASILEÑO
La música rock fue decisiva para Brasilia, pues indicó caminos para que este “boceto” de ciudad se convirtiera en una ciudad culturalmente relevante. Lo pude sentir en la calle, entre finales de los años 1980 y la primera mitad de los noventa, cuando era un adolescente. Había bandas por todas partes, yo tenía una y el punk nos llevaba a expresar lo que sentíamos sin preocuparnos por el virtuosismo. Yo era el vocalista y escribía las letras con un amigo. Estoy seguro de que esa experiencia surgió de una búsqueda personal, el deseo de expresar lo que sentía en relación con lo que pasaba a mi alrededor. Y al mismo tiempo que bandas increíbles sacudían la escena, yo notaba las fuerzas que intentaban sabotear el florecimiento cultural de Brasilia.

Resultó que me encontré para siempre en el cine, donde me siento más a gusto para elaborar lo que pienso. Pero fue la música la que abrió esa puerta. Recién en 2011 tuve la idea de hacer una película sobre lo que los medios llamaron “la capital del rock brasileño” (Brasilia), o sobre lo que queda de ella. Casi nada, a pesar de los talentos que insisten en brotar allí. De todos modos, hacer un largometraje con músicos y sobre ellos se convirtió en objetivo al principio de la etapa de desarrollo. Si el rock salvó la vida de Wim Wenders, a mí el rock me sacó del letargo de la vida en el Plano Piloto. Me hizo sentir vivo.

«Ainda Temos a Imensidão da Noite» (2019)

5. CINE Y MÚSICA
Una vez, en una entrevista, un periodista comentó que “Ainda Temos a Imensidão da Noite” une tres largometrajes que me encantan: «Round Midnight» (Bertrand Tavernier, 1986), “Leningrad Cowboys Go America” (Aki Kaurismäki, 1989) y “Head-On” (Fatih Akin, 2004). Al señalar que son obras de otras décadas, me preguntó: «¿Cómo evalúa el matrimonio dramatúrgico del cine y la música en la década de 2010?» Fue gracias a la pregunta que me di cuenta de algo: durante seis años de investigación (2011-2017), yo prácticamente no me alimenté de las referencias de esa década, al menos no de los largos de ficción. Durante años, el matrimonio del cine y la música ha sido más apasionante en los documentales. Olvídate de las biografías convencionales, ese no es el caso. Lo que más me impresionó durante el desarrollo fueron los documentales ensayísticos, que juegan tanto con lo poético (“20,000 Days on Earth”, de Iain Forsyth y Jane Pollard, 2014) como con el sarcasmo (“B-Movie: Lust & Sound in West-Berlin 1979-1989”, de varios directores, 2015).

Detrás de escenas «Ainda Temos a Imensidão da Noite» (2019)

En lo que respecta a la integración entre música y cine, la ficción no ha alcanzado el mismo nivel de excelencia porque no trata la música como parte de la creación, sino como un accesorio de la narrativa. Todo lo contrario de lo que buscamos en mi película. No es casualidad que yo actuara en las músicas junto a la banda y los compositores. Tampoco es casualidad que llenara el elenco principal de músicos de hecho. Buscamos una potencia sonora y una inquietud artística fieles a la temática: músicos que viven el drama de no ser escuchados y no tener dónde tocar.

El problema es que las bandas necesitan años para desarrollar la potencia que yo ansiaba y solo tuvimos dos meses de ensayos. Así que fueron dos meses muy intensos. La interacción entre los músicos en la preparación de la banda resultó ser la estrategia adecuada para sumergirse en el universo dramático de la película. Todo esto tuvo lugar entre julio y septiembre de 2017. Seguí el proceso de cerca. Enseñé, dirigí y discutí cada punto del guion, pero también aprendí mucho de todos los músicos, dejándolos apropiarse de los personajes de tal manera que, en diferentes momentos, teníamos la impresión de que rodábamos un documental. Atribuyo esta virtud a los músicos, la verdad está en el corazón de su trabajo. Un amante de lo que hace nunca va a fingir que toca un instrumento, el instrumento es el canal a través del cual expresan lo que sienten y lo que nosotros, los oyentes, ni siquiera sabemos que sentimos. Quizás el rockero adolescente que era no sabía cómo expresarlo con palabras. Pero ahora lo sabría.

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